Historia de los encurtidos como tapa

La banderilla se comercializó por vez primera en 1948, en San Sebastián. Si bien ya se servían aceitunas en algunos bares del sur de España, la popularización del encurtido como tapa es bastante reciente y está ligada a la extensión de la cerveza, que sustituyó al vino como principal bebida de aperitivo.

Este fenómeno se generaliza en la década de 1960, primero en las grandes ciudades y después en el resto del país. Aunque es cierto que en algunas zonas como Andalucía siempre se ofrecía un encurtido en los bares, lo cierto es que no hace tanto tiempo que el encurtir guindillas para posteriormente venderlas como tapa se ha convertido en algo común.

Que los encurtidos no se popularizaran antes en los bares tiene su lógica, puesto que la acidez de estos es incompatible con el gusto del vino, pero no lo es con la cerveza, especialmente cuando cuentan con gran sabor y calidad.

El encurtido como tapa

El encurtido es un producto que tiene varias posibilidades para servirse como tapa, desde aquellas que son más sencillas a elaboraciones complejas. Se pueden encurtir guindillas para servir banderillas, pero también ofrecer el producto individualizado como el caso de las aceitunas, altramuces, cebollitas o, más recientemente, jalapeños.

Los encurtidos son una opción interesante para los bares y restaurantes españoles, de manera que no hay local que sirva aperitivos y que no cuente con esa posibilidad. Muchos locales se dedican a ofrecer creaciones propias, mientras que otros se limitan a comercializar el producto final. Hoy es posible comprar estas exquisiteces gastronómicas directamente desde la fábrica a través de internet.

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